HOMILÍA EN EL 550 ANIVERSARIO DEL MONASTERIO DE NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO

VIVAR DEL CID – APERTURA DE LA PUERTA SANTA DEL AÑO JUBILAR

Muy queridas hermanas clarisas, queridos hermanos y hermanas:

Hoy es un DÍA DE GRACIA, DE ALEGRÍA Y DE PROFUNDA GRATITUD. Nos reunimos en este Monasterio de Nuestra Señora del Espino, en Vivar del Cid, para celebrar sus 550 años de historia y, de manera muy especial, para abrir solemnemente la Puerta Santa del Año Jubilar concedido por la Santa Sede. Un acontecimiento que nos invita a MIRAR AL PASADO CON AGRADECIMIENTO, A VIVIR EL PRESENTE CON FE Y A CAMINAR HACIA EL FUTURO CON ESPERANZA.

Hace cinco siglos y medio, el 11 de octubre de 1477, el papa Sixto IV firmaba la bula que daba fundamento canónico a este monasterio. Sus raíces, sin embargo, SE REMONTAN A UNA ANTIGUA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL ESPINO Y A UN GRUPO DE MUJERES QUE VIVÍAN ENTREGADAS A LA ORACIÓN Y AL SERVICIO DE DIOS. Con el apoyo de don Pedro López de Padilla y de su esposa, doña Isabel Pacheco, aquella comunidad abrazó la Regla de Santa Clara y dio comienzo a una historia que ha atravesado generaciones, dificultades y transformaciones, manteniendo viva la llama de la fe. DESDE ENTONCES, ESTAS PAREDES HAN SIDO TESTIGOS DE INCONTABLES HORAS DE ORACIÓN, DE VIDAS ENTREGADAS EN SILENCIO Y DE UNA FIDELIDAD QUE NO SIEMPRE APARECE EN LOS LIBROS DE HISTORIA, PERO QUE PERMANECE ESCRITA EN EL CORAZÓN DE DIOS.

La primera lectura, del profeta Isaías, nos anuncia un banquete preparado por el Señor para todos los pueblos. Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y destruirá la muerte para siempre. ¡QUÉ HERMOSA PROMESA PARA ESTE DÍA! El Señor no nos invita a una esperanza pasajera, sino a participar de su victoria definitiva sobre el sufrimiento y la muerte. ESTE MONASTERIO, DEDICADO A MARÍA, HA QUERIDO SER DURANTE SIGLOS UNA CASA DE ORACIÓN Y UN LUGAR DONDE EL CORAZÓN ENCUENTRA CONSUELO, DONDE SE APRENDE A CONFIAR Y DONDE LA ESPERANZA CRISTIANA SE MANTIENE ENCENDIDA INCLUSO EN LAS NOCHES MÁS DIFÍCILES.

Hoy, al abrir la Puerta Santa, contemplamos un signo que habla directamente a nuestra vida. Cristo es la verdadera puerta que conduce a la salvación. CRUZAR ESTE UMBRAL SIGNIFICA DISPONERNOS A ENTRAR MÁS PROFUNDAMENTE EN SU AMOR, ABANDONAR AQUELLO QUE NOS ALEJA DE ÉL Y ABRIR EL CORAZÓN A LA CONVERSIÓN, AL PERDÓN Y A LA RECONCILIACIÓN. No basta con atravesar una puerta material: estamos llamados a permitir que el Señor abra las puertas cerradas de nuestra alma, sane nuestras heridas y renueve nuestra vida cristiana.

ESTE AÑO JUBILAR ES, POR TANTO, UNA OPORTUNIDAD EXTRAORDINARIA PARA VOLVER A DIOS, RECIBIR SU MISERICORDIA Y REDESCUBRIR LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO. Que quienes se acerquen a este monasterio encuentren una invitación a la oración, a la paz y a una fe vivida con autenticidad.

El salmo 22 nos recuerda que «EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA». ESTA CERTEZA HA SOSTENIDO DURANTE SIGLOS A LAS HERMANAS QUE HAN VIVIDO ENTRE ESTOS MUROS. También san Pablo, en su carta a los Filipenses, nos enseña a vivir en la abundancia y en la necesidad, porque todo lo podemos en aquel que nos fortalece. Y añade una promesa llena de consuelo: Dios colmará nuestras necesidades conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

Estas palabras reflejan admirablemente la vocación de las Hermanas Clarisas. Su vida, marcada por la oración, la pobreza evangélica, la fraternidad y la sencillez, nos recuerda que la verdadera riqueza no consiste en acumular bienes, sino en entregarse a Dios y a los hermanos. SU CLAUSURA NO ES UNA HUIDA DEL MUNDO NI UNA INDIFERENCIA ANTE SUS SUFRIMIENTOS. ES UNA MANERA PARTICULAR DE ESTAR PRESENTES EN ÉL: LLEVANDO ANTE EL SEÑOR LAS NECESIDADES DE LAS FAMILIAS, LAS PREOCUPACIONES DE LOS JÓVENES, LA SOLEDAD DE LOS MAYORES, EL DOLOR DE LOS ENFERMOS Y LAS HERIDAS DE NUESTRA SOCIEDAD.

QUERIDAS HERMANAS: GRACIAS POR VUESTRA FIDELIDAD. GRACIAS A LAS QUE OS PRECEDIERON, A TANTAS MUJERES QUE HICIERON DE ESTE MONASTERIO SU HOGAR Y SU MISIÓN, Y A VOSOTRAS, QUE HOY MANTENÉIS VIVA ESTA LLAMA. Vuestra vida escondida es fecunda; vuestra oración, aunque silenciosa, es un servicio a la Iglesia y al mundo. Que san Francisco y santa Clara os ayuden a perseverar en la alegría, la humildad y la confianza en la Providencia.

El Evangelio de san Mateo nos presenta la parábola del banquete de bodas. El rey invita a muchos, pero algunos rechazan la invitación. Lo hace tres veces. Y algunos invitados incluso hieren y matan a los enviados. Pero otros acuden; los cojos, ciegos, lisiados, pobres, y la sala se llena. La imagen NOS RECUERDA QUE DIOS SIGUE LLAMÁNDONOS, QUE SU AMOR NO SE CANSA DE INVITARNOS Y QUE LA SALVACIÓN ES UN DON QUE DEBEMOS ACOGER CON UN CORAZÓN DISPUESTO.

La apertura de esta Puerta Santa es precisamente una llamada a responder a esa invitación. NO DEJEMOS PARA MAÑANA NUESTRA RECONCILIACIÓN CON DIOS. NO CERREMOS EL CORAZÓN AL PERDÓN NI PERMANEZCAMOS INDIFERENTES ANTE QUIEN NECESITA NUESTRA AYUDA. Revistámonos, como nos pide el Evangelio, de una vida renovada, de sentimientos de misericordia, de justicia y de caridad.

QUE ESTE 550 ANIVERSARIO no SEA únicamente el recuerdo agradecido de una historia admirable, sino EL COMIENZO DE UN RENOVADO IMPULSO ESPIRITUAL PARA EL MONASTERIO, PARA VIVAR DEL CID, PARA LA ARCHIDIÓCESIS Y PARA TODA LA IGLESIA. Que el Señor suscite vocaciones a la santidad matrimonial, a la vida consagrada, al ministerio sacerdotal, a la vida misionera, al servicio de los más frágiles y necesitados.

Pidamos a Nuestra Señora del Espino que acompañe a sus hijas clarisas, proteja a cuantos se acerquen a este lugar santo y nos enseñe a decir sí a Dios con la generosidad de María. QUE LA PUERTA SANTA QUE HOY HEMOS ABIERTO PERMANEZCA EN NUESTRA MEMORIA COMO SÍMBOLO DE UNA PUERTA AÚN MÁS IMPORTANTE: LA QUE CRISTO ABRE EN NUESTRO CORAZÓN PARA CONDUCIRNOS A LA VIDA PLENA. Que el Señor sea nuestro pastor, que su misericordia nos alcance y que este Año Jubilar nos encuentre dispuestos a escuchar su llamada y a vivir en su amor.